Si para algo ha servido el Foro Económico Mundial que se desarrolló en Davos, Suiza, la semana pasada, fue para mostrar la radiografía de una fractura expuesta producida en la columna vertebral de occidente. La crisis del capitalismo es total.
Lejos de un giro definitivo en la relación entre EE.UU. y China, las treguas impulsadas por Donald Trump forman parte de una estrategia defensiva orientada a ganar tiempo en un orden global que Washington ya no controla. Con una economía presionada por la deuda, la defensa del dólar y un repliegue creciente del multilateralismo, EE.UU. gestiona la coyuntura mientras Beijing acumula poder con horizonte de largo plazo. En ese contraste se define el conflicto central del siglo XXI y se reconfigura el lugar estratégico de América Latina en un mundo en transición.
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