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Geopolítica

La crisis del capitalismo occidental es total


 |  Arnulfo Duarte

Si para algo ha servido el Foro Económico Mundial que se desarrolló en Davos, Suiza, la semana pasada, fue para mostrar la radiografía de una fractura expuesta producida en la columna vertebral de occidente. La crisis del capitalismo es total.

El lector medianamente informado podrá decirme, con legítima autoridad, "chocolate por la noticia" porque el tema viene siendo y seguirá siendo bañado por ríos de tinta en las redacciones y, por qué no decirlo, de sangre en las calles que contienen luchas por la liberación porque, aunque nos machaquen con la falacia de que el sistema es sinónimo de libertad,  democracia y seguridad, sólo hay que tener la decencia de observar el entorno cercano y aun el entorno no tan cercano, porque hoy el mundo es un pañuelo, para darse cuenta de que la crisis es total. El capitalismo, no sólo no ha sido capaz de una distribución virtuosa de la riqueza, con un mínimo de bienestar para la mayoría, sino que se ha concentrado cada vez más en menos manos, dejando afuera una mayoría escandalosa. Se ha dicho hasta el cansancio también que el 1 % de la población mundial, concentra el 70 % de la riqueza generada en el planeta, dato que habla por sí solo y lo más indignante, no ha sido trabajando, produciendo, sino especulando. Y éste es el meollo de la cuestión, la creación de riqueza a partir de la nada.

Cuando Richard Nixon rompió con los acuerdos de Breton Wood, en 1971, eliminando el patrón oro como respaldo de la moneda hegemónica, hizo sonar la campana de largada del sistema financiero internacional que nació con fecha de vencimiento y basó el respaldo del dólar en unos “acuerdos” compulsivos de dudosa factura. Y lo que hoy estamos presenciando, en vivo y en directo, es, justamente la inminencia de esa fecha. Todo cruje, las estructuras sobre las que se sostenía el sistema ya no lo pueden sostener. Repasemos un poco cuáles son esas estructuras y veamos por qué decimos que crujen.

Los acuerdos de Riad

Una de las estructuras son los acuerdos de Riad, en 1974, que fueron un pacto estratégico, en su mayoría informales pero decisivos, entre Estados Unidos y Arabia Saudita. Consistían en que Arabia Saudita vendería su petróleo exclusivamente en dólares y reinvertiría sus excedentes en bonos del Tesoro estadounidense, a cambio de protección militar y apoyo político, consolidando así el "petrodólar" y apuntalando la economía de EEUU luego de la crisis de 1973. De hecho, así venía siendo hasta ahora.

Surgieron como consecuencia del fin de la convertibilidad del dólar en oro y del embargo petrolero a occidente aplicado por los países árabes en 1973 en represalia por la guerra del Yon Kipur. No en vano, todo lo que se asemeja a un árabe, lleva en su frente (y en la espalda) la etiqueta de “terrorista”. Estos acuerdos, buscaban estabilizar el dólar y asegurarle a EEUU el suministro energético.

 El Príncipe heredero Mohamed bin Naif y Mohamed bin Salman

Se consolidó así el dólar como moneda de reserva mundial y la relación entre la monarquía saudí y los EEUU fueron poco menos que carnales por décadas.

Hoy, esa situación, al calor de los agitados vaivenes geopolíticos, ha sufrido modificaciones, no tan radicales por ahora, pero la cizaña de la desconfianza que el anunciado ingreso de Arabia Saudita a los Brics, ha hecho mella en el sistema financiero controlado por la City de Lóndres y Wall Street. Los saudíes siguen siendo los dueños de una de las reservas más importantes de petróleo (se ubican en segundo lugar detrás de Venezuela con unas reservas estimadas en 267 mil millones de barriles; Venezuela está por sobre los 300 mil millones), pero han decidido diversificar sus relaciones comerciales, ahora le venden a China y a Rusia, entre otros y cobran en monedas locales, lo que fortalece el sistema alternativo que los Brics están implementando con creciente éxito. Esto convierte al acuerdo de Riad en otra de las estructuras que crujen y que explica en gran parte lo ocurrido con Venezuela, una demostración cabal de la debilidad estructural del dólar, altamente dependiente del petróleo.

Con la alianza con los saudíes resquebrajada, el control de Medio Oriente se complica y en ese marco hay que analizar la intimidación de EEUU a Irán, país que representa una seria amenaza para el proyecto del Gran Israel, proyecto que, a su vez, apunta al control total de Medio Oriente. Si ese proyecto fallara, la pata del estratégico commodity que sostiene al dólar, se desmoronaría. Sobre este tema, días atrás, el asesor militar principal del Líder Supremo Alí Jamenei, Yahiya Rahim Safavi, declaró que: “nos estamos preparando para la batalla final con Israel.” Advirtió que la guerra que se avecina “determinará el destino del conflicto”, sugiriendo que Irán está movilizando todos sus recursos para un enfrentamiento existencial que busca cambiar el mapa de Medio Oriente para siempre.

La economía

 La otra estructura que cruje y que representa la columna vertebral del sistema, es la economía norteamericana, inmersa en una colosal deuda pública que amenaza con arrastrar al mundo entero a una descomunal recesión. El acoso a que está sometiendo Donald Trump al presidente de la FED (Reserva Federal), Jeromé Powell, propuesto por él mismo, para que baje los tipos de interés, a lo que Powell se opone porque considera que sus peticiones se basan en un contexto de guerra arancelaria que, según él, podría generar mayor inflación y desaceleración económica, lo que justifica la prudencia del banco central.  Trump ha criticado repetidamente a Jerome Powell, acusándolo de "siempre llegar tarde", y ha amenazado con destituirlo, aunque legalmente no puede hacerlo sin causa justificada. 

Jeromé Powell Presidente de la FED

Jeromé Powell - Presidente de la Reserva Federal (FED)

La impresión descontrolada de billetes verdes al calor de las compras de bonos del Tesoro por parte de países como China y Japón, por citar sólo los más importantes, que hoy están revirtiendo ese proceso. Esto, obviamente, impacta en la línea de flotación del dólar que es la confianza. Los crujidos se sienten cada vez más fuertes.

El complejo militar industrial

Otro crujido que se siente y bastante fuerte, es en otra de las estructuras fundamentales que sostienen el sistema. El despliegue militar alrededor del planeta que EEUU sostiene mediante bases emplazadas en más de 80 países, se ve seriamente amenazado por la escasez de presupuesto y la incertidumbre en la que está sumida la OTAN en lo que a financiamiento se refiere, ya que Trump, ni bien asumió, retiró a EEUU de la alianza y pretende trasladar todo el costo a los países miembros, en su mayoría europeos, los cuales no terminan de salir de su asombro y no atinan a definir cómo será, a partir de ahora, su rumbo en cuanto a defensa.

Preguntamos a la IA respecto de la situación actual del complejo militar industrial estadounidense y esto es lo que nos contestó:

M1 Abrams

El M1 Abrams

“La industria armamentística de Estados Unidos se encuentra en un momento de crecimiento económico y financiero significativo, impulsado por el aumento global del gasto militar, la guerra en Ucrania, las tensiones con China y el rearme europeo.  Según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), el gasto militar estadounidense alcanzó 916.000 millones de dólares en 2024, representando cerca del 39 % del total global.  Este aumento se refleja en los mercados financieros: el índice S&P Aerospace & Defense Select Industry subió un 43 % en los últimos doce meses, y fondos como el ETF iShares U.S. Aerospace & Defense (ITA) ganaron cerca del 29 % en lo que va de 2025

A pesar de este éxito bursátil, la industria enfrenta serios desafíos estructurales.  El número de fabricantes de armas se ha reducido drásticamente desde la Guerra Fría: de 90 empresas en los años 90, hoy solo quedan 5 grandes contratistas (Lockheed Martin, Raytheon, Boeing, General Dynamics y Northrop Grumman), lo que ha generado un oligopolio que limita la competencia y aumenta los costos.  El Pentágono reconoce que la base industrial no tiene la capacidad, respuesta ni resiliencia necesarias para satisfacer la demanda de producción militar a escala y velocidad, especialmente en un conflicto a gran escala con China. 

Además, los plazos de reposición de inventarios críticos superan los 13 años, y muchas líneas de producción están obsoletas.  La cadena de suministro es frágil, dependiente de metales de tierras raras, chips y componentes de países como Rusia o Asia, lo que ha generado retrasos.  La falta de mano de obra especializada también es crítica: empresas como General Dynamics necesitaron contratar 24.000 empleados solo en 2023, y el déficit de trabajadores en el país se estima en 3,5 millones.

En resumen, aunque la industria es la gran ganadora del rearme global en términos de inversión y valor bursátil, su capacidad real de producción y resiliencia frente a un conflicto sostenido está seriamente comprometida.”

Igualmente conviene decir que conserva cierta capacidad de daño que no hay que dejar fuera del radar.

Basado en estos datos, podemos afirmar que esta pata que compone otra de las estructuras sobre las que se asienta el poder de la moneda norteamericana, también cruje.

La diplomacia del garrote

Esta arma, tampoco estaría dando ya los resultados que en otros tiempos garantizaba. Si bien Trump ha desplegado una estrategia de pegar primero y luego negociar, los resultados hasta la fecha, han sido magros. Con Canadá, que fue el primer atacado, no ha podido avanzar, con Groenlandia tuvo que retroceder, de México y de Brasil no habla más. Europa está insubordinada respecto al financiamiento de la OTAN. ¿Significa eso que ha renunciado a todas sus pretensiones? Seguramente que no, pero objetivamente, lo que está ocurriendo es que ninguna de sus bravuconadas ha tenido éxito. Veremos cómo le va con Irán. Es decir que, por ahora, el garrote está guardado en algún rincón de la oficina oval. ¿Hasta cuándo? No lo sabemos, pero todo hace suponer que quedará a la espera de mejores tiempos.

Lo que dejó Davos

Como dijimos al principio, si para algo sirvió la versión 2026 del Foro Económico Mundial de Davos, fue para dejar expuesta la fractura que se produjo en el corazón de la clase dominante, que son los que personifican, es decir, que le ponen nombre y apellido al capitalismo, pero que no van a Davos, mandan a sus ceos, ellos nunca aparecen en escena, al menos físicamente y que a mi modesto entender, fueron expresados con pristina claridad por dos de los más conspicuos representantes del globalismo enfrentado al soberanismo sui generis que expresa Donald Trump.

Mark Carney Primer Ministro de Canadá

Mark Carney - Primer Ministro de Canadá

En su discurso, el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, que sorprendió a propios y extraños, habló de una “ruptura del orden mundial, del fin de una bonita historia y el comienzo de una realidad brutal donde la geopolítica entre las grandes potencias no está sujeta a restricciones.

Afirma que “el orden basado en reglas es una mentira” que todos contribuimos a mantener por distintas razones, por miedo, por conveniencia, por simple comodidad o por una ficción útil, pero que ese pacto ya no funciona.

“Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición”, dijo.

“En las últimas dos décadas, una serie de crisis en finanzas, salud, energía y geopolítica dejaron al descubierto los riesgos de una integración global extrema.” Y lo dice un globalista. Recordemos que Carney fue presidente del Banco de Inglaterra, fue ceo de Goldman Sachs, entre otras perlitas que pueblan su currículum.

No se puede "vivir dentro de la mentira" del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación.

Las instituciones multilaterales en las que confiaban las potencias medias —la OMC, la ONU, la COP—, la arquitectura de resolución colectiva de problemas, están muy disminuidas.

Como resultado, muchos países están sacando las mismas conclusiones. Deben desarrollar una mayor autonomía estratégica: en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro.”

Estas son sólo algunas de las manifestaciones de Mark Carney en el Foro de Davos. (Mayor información en: https://www.redcomsur.ar/geopolitica/2994-historico-discurso-del-primer-ministro-de-canada-mark-carney-en-davos-2026.html)

Permítanme ahora, transcribir acá las palabras de apertura del Foro a cargo de Larry Fink, ceo, nada más y nada menos que de Black Rock, que curiosamente no se difundió en medios importantes. Este es un fragmento de un posteo en redes sociales

Larry Fink Ceo de Black Rock

Larry Fink - Ceo de Black Rock

Fink expresó: “que el sistema económico atraviesa una crisis de legitimidad”

Fink reconoce que demasiadas personas han quedado fuera del reparto, y que medir el éxito solo con PIB, mercados bursátiles o capitalización empresarial ya no funciona.

“La prosperidad no es crecimiento agregado. Debe medirse cuántas personas pueden verla, tocarla y construir su futuro sobre ella”, expresó.

Dicho de otra forma: la riqueza existe, pero no llega. Desde la caída del Muro de Berlín se generó más riqueza que en toda la historia de la humanidad, el problema es quién se la quedó.

La respuesta es obvia: una élite financiera, corporativa y política que se reúne cada año en Davos.

Y aquí entra en escena la inteligencia artificial. Fink lo dice sin rodeos: “Si la IA hace con los empleos de oficina lo que la globalización hizo con los obreros, el estallido social será inevitable.

Lo que realmente teme Black Rock no es a la IA, no es al debate académico, es a la reacción social.

Larry Fink entiende que, cuando la legitimidad se rompe, la protesta no va contra algoritmos abstractos, sino contra activos muy reales: viviendas, fondos, infraestructura, grandes gestores de capital. Es decir, contra entidades como Black Rock, que han sido piezas centrales del modelo que concentró la riqueza a niveles históricos.

Cuando el mayor gestor de activos del planeta, habla de crisis de legitimidad, no es autocrítica moral, es alerta estratégica. La élite financiera sabe que el contrato social está roto, sabe que la IA puede acelerar el problema y sabe que, si no se redistribuye poder y oportunidades, el sistema que hoy gobierna puede dejar de ser tolerado mañana.

No es que Davos haya despertado. Es que el miedo ya llegó al salón.

Seguramente algo me quede en el tintero, por supuesto que sí, es un tema complejo, denso y casi inabarcable, pero pertinente es decir que el componente básico del valor de una moneda no es una cifra que le asigna un valor nominal, sino un valor moral mucho más importante y se llama confianza.

Podemos decir entonces, que estamos observando, en vivo y en directo, la culminación de un proceso, que no es ni nuevo ni espontáneo, viene gestándose desde hace tiempo y la emergencia de Trump, viene a centrar todo el esfuerzo y las estrategias en reflotar el esquema del dólar como moneda de reserva internacional frente al desafío de los Brics que están trabajando febrilmente en la creación de la moneda digital Brics. Trump retrocedió con Groenlandia sólo después de que dos fondos de inversión, uno de Suiza y otro de Noruega, anunciaron que se desprenderían de bonos del Tesoro norteamericano. También lo vienen haciendo China y Japón.

Para el mes de abril está anunciada una cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump. Desde ya que es un encuentro que está generando gran expectativa, aunque todavía no se conoce la agenda de la reunión.

La lucha entre la hegemonía del dólar y la moneda emergente que los Brics están ya experimentando está planteada y sólo cabe esperar que quienes tienen la responsabilidad de mantener el orden mundial estén a la altura de las circunstancias y no generen situaciones cuyo impacto arrastren al mundo a lugares que los que peinamos canas sabemos que son terribles.

Esperamos también que las palabras, tanto de Mark Carney como de Larry Fink, aunque la preocupación que expresan son sólo respecto de sus propios intereses, sirvan para que más temprano que tarde, aunque sea porque ven peligrar sus privilegios, se avance en la dirección de una distribución más justa de la riqueza y se consolide una paz que permita el desarrollo en todo el planeta y no sólo en determinadas latitudes. Es lo que  los pueblos esperamos.

Arnulfo Duarte  - 27/01/2026

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