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La doctrina Donroe, una patada en el tablero del TEG


 |  Arnulfo

Por Hernán Cazzaniga (*)

Sin dudas, en el comienzo de 2026, Trump se colocó en el centro de la escena internacional con una serie de acciones efectivamente realizadas y discursos amenazantes que movieron el tablero geopolítico. En este gran teatro de operaciones militares y mediáticas, otros actores relevantes aparecen en un segundo plano u ocultos detrás de bambalinas como si estuvieran quietos y, sin embargo, se mueven. Es el caso de la vieja Europa, por ejemplo, o de Canadá y también de Turquía y Brasil.

Video tutorial de TEG en Youtube: https://youtu.be/2KjBhd5ITuw

Estamos viviendo dentro de un gran TEG, pero mucho más complejo que el entretenido juego de mesa que se popularizó en los 70, en plena guerra fría. No es solo un juego de invasiones y amenazas de invasiones, sino de reconfiguración de políticas de alianzas militares, comerciales y financieras por ahora volátiles, sujetas al calor de los sucesos, el tiempo dirá si consolidan, cómo y con qué efectos.

Para comprender los movimientos aparentemente inconexos de las naciones que están terciando en el tablero con sus jugadas estratégicas es conveniente establecer una visión de paralelajes, que recorra por un lado, procesos históricos de largo tiempo, por otro lado,  ver cómo fue configurada la estructura del orden internacional que acaba de volar por los aires con las patadas de Putín y de Trump y por último prestar atención a los sucesos que se van desencadenando en el orden de la coyuntura, sin perder de vista la acción de potencias que ocupan roles aparentemente secundarios.

Dentro de la perspectiva histórica de largo tiempo está la relación compleja y pendular de la "vieja Europa" con Rusia. Este vínculo no ha sido una línea recta. La dialéctica de identidad y seguridad que guía su desarrollo se remonta a la modernización impulsada por Pedro el Grande en el siglo XVIII. Bajo su égida el imperio ruso, aspiró a ser reconocida como miembro de la comunidad cultural y política de las naciones europeas. Afrancesó sus costumbres, adoptó el francés para hablar el idioma de las relaciones internacionales, pero no se encantó tanto con los postulados de la revolución burguesa, más bien sostuvo los cimientos de su dominación feudal, característicos del Anciene Régime.

En el siglo XIX Rusia se convirtió en un estado "Gendarme de Europa", integrando la Santa Alianza fue el sostén de la restauración del orden monárquico tras la caída de Napoleón. Y ya en el siglo XX se convirtió en la encarnación del fantasma del que hablaba Marx en el famoso manifiesto. Volvió a su papel de aliada en la guerra contra el eje nazi-fascista, liberando a Europa, a pesar de lo que digan las películas de Hollywood y luego de los acuerdos de Yalta se transformó en el "Otro" absoluto durante la Guerra Fría.

Sobre el final del siglo XX se desmoronó el poder soviético. Tras el colapso, en 1991, el espejismo de una "Casa Común" de Gorbachov, se desvaneció pronto. La OTAN, en estos tiempos de hegemonía unipolar de los EEUU, poco a poco fue controlando territorios cada vez más cercanos a Moscú. La respuesta es la guerra con Ucrania, en realidad contra la OTAN.

Hoy en 2026, tras el colapso de la seguridad colectiva que siguió a la Operación Militar Especial en Ucrania en 2022, Europa enfrenta un retorno al realismo más crudo.

Las noticias de medios europeos de estos días, (no muy comentadas en los medios de prensa argentinos, en general, poco atentos a la comprensión de lo que pasa en el mundo y, por cierto, y muy proclives a una visión construida desde la perspectiva yankee), hablan de los dichos de los jefes de estado de Alemania, Italia y Francia, en el sentido de procurar establecer acuerdos de convivencia con Rusia.

El "deshielo pragmático" que estaría intentando el eje París-Berlín-Roma hacia Moscú responde a una necesidad de supervivencia. Europa buscaría cerrar su frente oriental mediante una "paz fría" para evitar quedar atrapada en la pinza que propone Washington. La pérdida de acceso a recursos baratos como el gas ruso no fue un buen negocio, las sanciones fueron ineficaces para dañar la economía rusa que reorientó su comercio hacia la región más poblada del planeta, Asia. La soberanía europea, históricamente delegada en la OTAN, hoy no tiene otro remedio que buscar el diálogo con el Kremlin para neutralizar el abandono transatlántico y los mayores costos que le ocasiona seguir sometida a la extorsión norteamericana.

Mientras tanto el epicentro de la crisis global actual reside en la mutación de la Doctrina Monroe de 1823 hacia lo que algunos analistas denominan la Doctrina Donroe.

El corolario de 2026 instituido por la administración Trump abandona la retórica de la "protección democrática" en favor de una gestión patrimonial de activos estratégicos. El intento de captura de activos en Venezuela el 3 de enero, que incluyó el secuestro de su presidente, quizás el acto más espectacular de la saga, y la amenaza de apropiación de Groenlandia bajo el pretexto de la seguridad nacional frente a la expansión comercial de China han transformado a EE. UU. de aliado de Europa en un otro amenazante.  Frente al reconocimiento de su declive como potencia mundial, Trump responde prepotentemente orientado por una estrategia transaccional de las relaciones internacionales, la lógica del toma y daca del empresario inmobiliario, con la perinola cargada de misiles y drones militares.

La presión ejercida ha generado una fisura inédita en el bloque anglosajón. Canadá, bajo la administración de Mark Carney, están interpretando que la anexión anunciada de Groenlandia es el preludio de una reclamación sobre el Paso del Noroeste. En una maniobra de contraataque geopolítico, Ottawa giró hacia Pekín, firmando acuerdos tecnológicos y comerciales estratégicos este mes para blindar su integridad territorial mediante una vinculación económica más diversificada que actúe como escudo frente a Washington.

Por otra parte, aunque un poco desdibujado, el sur también existe y quizás deba leerse como respuesta a la Doctrina Donroe, la movida agilizada por Lula da Silva. Si bien los acuerdos entre Mercosur y la UE vienen desde antes, sin poder institucionalizarse por la resistencia entre otros de los granjeros europeos, pareciera ser que la fuerza de los hechos recientes ha hecho comprender a los decisores de ambos lados del charco, que lo que estaba en juego más que costos y beneficios comerciales era la propia soberanía de los estados firmantes.

En 2026, más que defenderlas con armas, la estrategia soberana pareciera ser, (siguiendo la experiencia de los chinos) construir una arquitectura financiera y comercial regional. El Acuerdo Mercosur-Unión Europea, revitalizado y firmado en estas últimas semanas, si bien no definitivo porque restan pasos institucionales, funciona como un tratado de autonomía estratégica que habrá que ver que impacto tiene en las economías nacionales. Lo cierto es que va a contramano del camino emprendido por Milei de subordinación absoluta e incondicional a la doctrina Donroe.

Este acuerdo permite a Europa sustituir su dependencia de las decisiones cada vez más proteccionistas de EE. UU. y ensayar el suministro sudamericano de materias primas, sobre todo si se tiene en cuenta que su dominio sobre las excolonias africanas se vio debilitado en los últimos años. Para el Mercosur representa un anclaje internacional que dificulta cualquier intervención directa de Washington. Al entrelazar sus intereses con las potencias europeas, Brasil le crea un costo político a la Doctrina Donroe en el caso de avanzar al margen de toda legitimidad en el Cono Sur.

Para nosotros, los turcos están asociados siempre con la neblina, creemos verlos perdidos en ella, pero en realidad somos nosotros los que los perdemos de vista y de repente nos desayunamos con que acaban de conformar otro polo de poder en la intersección de Eurasia y el mundo islámico. El pacto entre Turquía, Arabia Saudita y Pakistán representa la síntesis de fe, capital y tecnología militar, donde Turquía aporta la autonomía industrial y una industria de defensa (drones y misiles) que ya no responde exclusivamente a la OTAN, en la que se encuentra en una relación ambigua, pertenece, pero ejerce el poliamor. Turquia, un estado border, es Europa pero mulsumana, históricamente es la frontera con Asia. En este polo Arabia Saudita cumple, sí, el rol histórico desde que el petróleo la llenó de divisas, aunque ahora no sostiene la posición dominante del dólar como divisa, sino que financia la transición hacia una economía desdolarizada. Su petróleo actúa como palanca de negociación con China y Rusia para este eje. Pakistán ofrece a sus socios su disuasivo arsenal nuclear que garantiza que este eje sea intocable en la zona del tablero militar que las ubica próximas a Irán e Israel y la India.

Este pacto compite directamente en el campo de la soberanía tecnológica. Ante las restricciones de microchips impuestas por Trump, este bloque ha optado por una alianza con Huawei y el desarrollo de centros de datos en Brasil y Ankara, utilizando hardware chino para desarrollar una IA soberana que escape al control de Silicon Valley.

Por su parte la India, el país más poblado del mundo, ha perfeccionado lo que algunos han llamado una "soberanía elástica" que le permite navegar entre bloques sin quedar atrapada en ninguno. Rechazando ser un satélite de Washington o un subordinado de Pekín, Nueva Delhi se posiciona como el "Estado Pendular" por excelencia. Mira de reojo a Pakistán con quien sostiene diferendos territoriales y, mientras colabora en la seguridad del Océano Índico con EE. UU. para contener el avance chino, forma parte de los BRICS, acelera acuerdos con la Unión Europea y mantiene su histórica dependencia militar con Rusia. Esta capacidad de multialineación, busca convertir a la India en el taller alternativo del mundo y en un contrapeso democrático poniendo su apoyo a disposición del mejor postor, priorizando siempre su propia autonomía regional frente al proteccionismo de la Doctrina Donroe.

Y en este mundo de supuestos locos, pero no tanto, Corea del Norte emerge como el factor de desestabilización por encargo. Representa un arsenal externo del bloque euroasiático, ruso-chino. Lejos de estar aislada, la dinastía Kim ha firmado pactos de defensa mutua con Moscú, intercambiando municiones y misiles balísticos por tecnología satelital y nuclear.

Pyongyang funciona hoy como un "perro de presa" estratégico que mantiene a las tropas de EE. UU. y Japón ancladas en el Pacífico; esta presión constante impide que Washington concentre todo su poderío militar en el Atlántico o el Caribe, sirviendo como un contrapeso de fuerza bruta que desgasta la hegemonía estadounidense mientras el resto de los actores reconfigura sus escudos de supervivencia logística

Pacientemente China sin disparar balas, financiando proyectos con sus excedentes no deja de ganar terreno en el comercio internacional y en la incidencia territorial en numerosos países de Asia, América y África, a través de la inversión en obras públicas necesarias para la logística de los intercambios comerciales, extracción de recursos naturales y la generación de energía.

El avispero está agitado en todas partes. No es un efecto instantáneo de las bravuconadas de Trump, en todo caso, sus actos son respuestas a procesos de reconfiguración del orden internacional que se fue volviendo cada vez más álgido para los intereses yankis y que en este inicio de año hacen evidente la convicción de que el mundo ya no es lo que fue en la era nixoniana o de globalización neoliberal.

Las alianzas que se van tejiendo con cierta celeridad poco tienen de ideológicas, como las de la guerra fría. Por ahora trazan una geometría variable, donde cada actor se mueve por la urgencia de su propia supervivencia logística, en medio de una guerra hibrida y fragmentada, implementada con sofisticadas armas de destrucción material, incluso de destrucción total como las bombas nucleares llegado el caso, así como también, armas financieras y comerciales como los bloqueos, sanciones y aranceles con que se tiran unos a otros por la cabeza, donde la guerra de monedas tiene un papel central en la reestructuración del mundo y por supuesto tecnológica como base del modo de producción contemporáneo que requiere la adecuación de superestructura política y jurídica hoy inmersa en un tembladeral.

Sintéticamente, lo que está a la vista es que EEUU intenta lograr autarquía mediante la expansión territorial y control pleno de su área de influencia desde el ártico hasta el antártico. Europa busca en Rusia y el Mercosur el equilibrio que acaba de perder con la OTAN. Canadá y Brasil se alían con China para contar con un contrapeso y evitar quedar absorbidos pasivamente como el "patio trasero" de la Doctrina Donroe. Turquía y sus aliados configuran un califato tecnológico que opera por fuera de las reglas occidentales y África descoloniza sus relaciones históricas de Europa con inversiones Chinas que mantiene firme su política de acuerdos pacíficos que le ha permitido sin tirar un solo tiro ampliar su desarrollo comercial y su participación en proyectos de infraestructura en distintas regiones y de sustitución del dólar como moneda de intercambio.

La volatilidad del momento es síntoma de que no estamos aún dentro de un orden nuevo. Es un interludio de alta tensión donde la soberanía se mide en la capacidad de cada nación para no quedar sola en el centro de la escena, expuesta sin defensas a la voluntad predadora de otras naciones.

 El reflector puesto sobre Trump no debe ensombrecer la observación sobre los otros jugadores para fulminar toda amenaza anteponiendo alianzas estratégicas como escudos propios que posiblemente deriven en la consolidación de un mundo dividido en tres o cuatros espacios regionales establecidos como zona de influencia de algunos de estos actores fundamentales.

(*) Docente universitario UNaM – Universidad Nacional de Misiones

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