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La xenofobia y otros odios como política de estado


 |  Arnulfo

Por Hernán Cazzaniga (*)

Este verano las decisiones políticas de Trump en el orden internacional e interno repercuten intensamente, dan que hablar, son inquietantes por lo que implican los procesos político-sociales que impulsan y la construcción de nuevas realidades que instituyen.

En este sentido, uno de los temas que está siendo más conversados en los medios de comunicación es la actuación del Immigration and Customs Enforcement (ICE) que algunos ven como una reminiscencia de formas identificadas con el accionar de los camisas negras del fascismo clásico.

Dicho en criollo, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas luego del asesinato de la poeta Erika Malpass en Minnesota y los dichos con los que se interpretó este crimen ejecutado por uno de esos agentes le dio manija a esta analogía.

 Si bien ambos hechos históricos tienen características autoritarias y presentan semejanzas, no pueden considerarse a uno como un simple eco del anterior.

Mas bien estamos ante un proceso de mutación donde la ley se devora a sí misma (tanto en el orden internacional como interno). El asesinato de Malpass en enero de 2026 no fue un error de procedimiento; es indicativo de la mutación de una fuerza estatal legal que, habiendo sido creada para el control fronterizo, hoy opera en las ciudades como una milicia ideológica subordinada a la voluntad personal de un hombre, mientras multitudes en las calles de diferentes estados proclaman “no queremos un rey”.

Lo que esta controversia entre el palacio y las calles plantea es la discusión acerca del régimen de excepción que de facto está imponiendo Trump. Es decir, el ejercicio del poder del soberano suspendiendo las normas constitucionales bajo la excusa de salvar la nación.

El Leviatán

Trump lo hizo explicito cuando respondió a un periodista que el límite es su "propia moral". Refería a su política internacional, pero vale para sus decisiones orientadas al orden doméstico.  Trump desplaza la Constitución y los tratados internacionales para instalar su voluntad como fuente única de verdad. Se asume como soberano absoluto, hobbesiano. Encarna al Leviatan y dispone las milicias para efectivizarlo.

 En este devenir, el ICE deja de responder a la ley que lo legitima para responder a la misión sintetizada en su nominación. Más que una fuerza de control desplegada en las áreas de fronteras se convirtió en una fuerza de choque legalizada por decretos de intervención en ciudades pertenecientes a estados cuyos gobernadores confrontan con la administración central. Cada vez más actúa con la impunidad de las antiguas Camisas Negras o la Triple A, pero a diferencia de estas fuerzas paraestatales lo hace con el sello institucional del gobierno federal.

Este autoritarismo es sostenido discursivamente sobre un deslizamiento de la significación de la noción de amenaza política, la racializa. El "otro" ya no es solo el migrante sin papeles, sino cualquiera que porte una idea etiquetada como "marxista". El comunismo se vuelve así una patología biológica, un "veneno" en la sangre nacional que justifica la extirpación.

Monumento improvisado

El sistema trumpeano necesita sacrificar para mantener la higiene política de todo lo que representa Erika Malpass. Su muerte es un acto ritual en nombre de un orden social excluyente que solo reconoce como humano a quien se le somete. No solo justifica ideológicamente el crimen, lo hace ostensiblemente.

Frente a este ilegalismo autoritario, diversos sectores de la sociedad estadounidense están respondiendo. Se observa una dinámica de resistencia que busca recuperar la legalidad igualadora del credo norteamericano. Mientras el poder utiliza la estructura del Estado para fracturar la sociedad entre "leales" y "alimañas", (en Argentina serían las “lacras” o los “zurdos de mierda· del glosario libertario y sus satélites) , la ciudadanía organiza una soberanía del relato a través de la técnica.

En las llamadas ciudades santuario, grupos civiles utilizan herramientas de mapeo y geolocalización para documentar los abusos del ICE, en un ejercicio de "forense ciudadano" que recuerda a la reconstrucción del disparo que recibió el fotoperiodista Grillo en Buenos Aires. En ambos casos, el mapeo de la trayectoria de un proyectil o de un operativo ilegal sirve para desarmar la opacidad del soberano y devolverlo al terreno de la responsabilidad jurídica.

Esta lucha define la realidad actual: por un lado, un soberano que impone un orden basado en la exclusión y el miedo; por el otro, una red de protección civil que recita los versos de Malpass como himnos de desobediencia. Al igual que el disparo a Grillo buscaba cegar el registro de la represión, el asesinato de Malpass buscó silenciar la palabra disidente. Pero la respuesta cultural demuestra que el autoritarismo siempre deja un rastro. Cuando el ICE vigila conciencias en lugar de fronteras, la resistencia entiende que la verdadera soberanía ya no reside en el Estado que mata, sino en la comunidad que mapea la verdad y se niega a ser borrada.

(*)  Docente universitario (UNaM – Misiones)

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