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¿Hasta cuándo Sturzenegger, abusarás de nuestra paciencia?


 |  Arnulfo

Por Hernán Cazzaniga (*)

Seis décadas antes de Cristo, el Senado de la República Romana detuvo una conspiración pergeñada por un miembro de una familia noble de Roma, el senador Catilina.

​De aquellas jornadas quedaron para la posteridad las famosas Catilinarias, texto que reúne cuatro discursos con los que Cicerón lo denunció. En otros tiempos las hacían leer a los estudiantes en las clases de Latín. Son una obra maestra de la retórica política, cargada de ironías, estructurada en preguntas que no buscaban respuesta.

«¿Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?» es la primera oración, la que abría con un estilo novedoso aquel discurso. Aún hoy me resuena, la uso reiteradamente; ¡bah!, cuando alguien me hincha soberanamente las bolas.

​Sin dudas, Sturzenegger es uno de esos tipos. Lo es desde los tiempos de De la Rúa, año 2001, cuando participó del acuerdo del anunciado blindaje financiero con los acreedores, aquella buena noticia que nos dio el Chupete y que precedió a la catástrofe de diciembre.

​Sturzenegger fue partícipe de aquella ruinosa negociación y de la política de endeudamiento y fuga de divisas que generaron Macri y Caputo entre 2016 y 2018. Zafó de estar preso porque, como se sabe, los macristas nunca pagan por sus delitos.

​Esta impunidad lo trajo a estos tiempos, con estas costumbres.

¡O tempora, o mores! («¡Oh tiempos! ¡Oh costumbres!») es una expresión que Cicerón usó en las Catilinarias para llamar la atención sobre la decadencia moral imperante en ese cenáculo que ponía en riesgo la vida de la República, criticando las costumbres que degradaban las virtudes de sus elites sociales.

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​Junto a Milei, Sturzenegger volvió al centro de la escena pública con singular protagonismo. Figura como autor de las leyes más ruines sancionadas en estos tiempos, en los que las instituciones republicanas acompañaron las políticas de expropiación del patrimonio nacional, la destrucción de las instituciones y empresas públicas, el abandono de la infraestructura territorial, la pérdida de valor del salario de los trabajadores, la transferencia de ingresos a los más ricos y la aniquilación de las actividades productivas generadoras de empleo decente. En fin, tiempos de negociados de amigos y mentores del mileinismo —como la familia Neuss, los Elsztain, Galperin, fondos de inversión internacionales y tecnooligarcas extranjeros, entre otros beneficiarios del proyecto libertario—. Un proyecto subordinado a los intereses geoestratégicos de Trump y Netanyahu, dispuesto a entregar a manos extranjeras todos los bienes naturales y los bienes comunes que nos pertenecen al conjunto de los ciudadanos, muchos de ellos logrados por el esfuerzo de generaciones, como es el caso del desarrollo de las capacidades tecnológicas en materia del uso pacífico de la energía nuclear.

​Esta semana, la voluntad popular se hinchó soberanamente las bolas y dio un sentido político con efectividad conducente a los cánticos mundialistas que recuerdan a los pibes de Malvinas, al trapo que agitaron los jugadores en el estadio de Atlanta.

​Materializó aquellos hechos simbólicos, performáticos, en hechos de fuerte impacto político. El primero fue la dificultad para sancionar la ley de entrega de tierras estratégicas que elevaron al Senado bajo el título de fantasía de «inviolabilidad de la propiedad privada». Cuentan que hasta a los propios senadores comandados por Patricia Bullrich les daba vergüenza hacer lo que estaban por hacer cuando todavía la gente seguía agradeciendo a los jugadores por agitar el trapo histórico, que debería estar en exhibición junto a otros símbolos de la guerra por la independencia.

​Luego, 500 tipos —algo así como 5 centurias legionarias— derrotaron el decreto que afectaba la tarea de practicaje que hace posible el ingreso de los barcos de gran calado al estuario del Río de la Plata, a partir del Pontón Recalada, a la altura de Montevideo. Con el simple hecho de negarse a ser contratados, los 500 prácticos que hacen la tarea de guiar ese ingreso dejaron parados a más de 200 barcos que perdieron, cada uno, 100 mil dólares diarios, demostrando que sin este servicio la navegación es imposible y que las consecuencias serían peores sin el conocimiento de estos baqueanos. Algo que en 1806 notaron los ingleses cuando el joven Güemes, que estudiaba en Buenos Aires en el Real Colegio San Carlos (hoy el Nacional de Buenos Aires, de la UBA), les llegaba con otros jinetes galopando sobre el lecho del río.

​Las pérdidas económicas de esta decisión insensata de Sturzenegger no solo le trajeron perjuicios a las empresas navieras varadas, sino también a toda la cadena comercial: desde las empresas exportadoras hasta los fletes terrestres y la operación en Puerto. Y fundamentalmente a las propias arcas del Estado Nacional, ávido de captar divisas para responder a las exigencias del FMI que, gracias al endeudamiento de Macri y Caputo, nos tiene agarrados de las mismas bolas que nos está hinchando Sturzenegger con estas alucinaciones anarcocapitalistas o su fanatismo fundamentalista de mercado.

​La cuestión es que esos 500 tipos dejaron al desnudo la soberbia e inconsistencia técnica de la manera de actuar del Ministro de Desregulación y de sus propuestas. Hicieron hocicar al gobierno en el medio del río.

​Trascartón, el creciente descontento popular con el asunto que Patricia Bullrich intentaba vehiculizar en el Senado chocó contra su propio banco de arena. Un día antes de la sesión, tuvieron que extirpar todo el capítulo de extranjerización de territorios. Pero sostienen pírricamente el resto de esta nefasta ley, que arremete contra endeudados inquilinos y favorece la destrucción de montes mediante los artículos que establecen el desalojo express en el primer caso y derogan la ley de fuegos en el segundo.

​La paciencia se agota. En todo el país, la reacción contra esta nefasta ley moviliza a un amplio abanico de sectores dispuestos a presentar batalla. Entre ellos, los artistas, y sobre todo los artistas jóvenes que, mediante breves mensajes, llevaron claridad a la población respecto a lo que está en juego; tradujeron la advertencia de los científicos sociales del Observatorio de Tierras de la Universidad en un discurso emotivo con razones suficientes para salir a gritar: «¡Hasta acá llegaste, Catilina! ¡Dejá de abusar de nuestra paciencia!».

​Es muy probable que en los próximos meses el hartazgo ante los agravios y despojos sufridos por diversos sectores de la sociedad, en esta etapa alucinada y desquiciada de nuestra Historia, dé lugar a expresiones de rechazo a este gobierno vendepatria e industricida.

​Esperemos que la movilización del 6/8 responda al Quousque tandem con un «hasta aquí, Sturzenegger». Ojalá que alguna vez pague por todos los daños ocasionados al pueblo, a los intereses soberanos de la Nación y a la moral republicana, cometidos a lo largo de casi tres décadas durante su participación en tres gobiernos ruinosos.

​En fin, ojalá que estos tiempos y costumbres, querido Cicerón —¡qué grande sos!—, queden tronados por el escarmiento del Pueblo. Habrá que ver…

(*)  Docente universitario UNaM (Universidad Nacional de Misiones)

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