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Geopolítica

¿Estamos en el final de la era Nixon?


 |  Arnulfo

Por Hernán Cazzaniga (*)

El escándalo de watergate terminó con la presidencia de Nixon, pero no con el orden global que creó junto a Kissinger, quien murió en 2023, cuando ya había cumplido 100 años.Dos hechos trascendentales de su presidencia establecieron las bases de la economía mundial en las cinco décadas siguientes. Hoy ese orden montado sobre la base del pacto de Beijing (1972)  y el pacto de Riad (1974), está crujiendo. Ambos pactos fueron fundamentales para salvar la hegemonía estadounidense tras el fin del patrón oro en 1971.

El escándalo de watergate terminó con la presidencia de Nixon, pero no con el orden global que creó junto a Kissinger, quien murió en 2023, cuando ya había cumplido 100 años.Dos hechos trascendentales de su presidencia establecieron las bases de la economía mundial en las cinco décadas siguientes.Hoy ese orden montado sobre la base del pacto de Beijing (1972) (cuando yo era chico a Beijing le decíamos Pekín) y el pacto de Riad (1974), está crujiendo.Ambos pactos fueron fundamentales para salvar la hegemonía estadounidense tras el fin del patrón oro en 1971.Me animo a decir que son los pilares del orden nixoniano en el que transcurrió mi vida y la de mis contemporáneos, las tortugas que sostenían el mundo que se está derrumbando.

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Rusia era el peligro rojo y lo siguió siendo hasta que estalló la URSS dos décadas después, en gran medida por efecto de estos tratados, China era roja, pero se la presentaba como el peligro amarillo. Para entonces EEUU sufría el trauma de la derrota en Vietnam y Mafalda comentaba esta preocupación, en su casa, frente al globo terráqueo.

Nixon viajó a China para ejecutar una jugada maestra que tuvo por finalidad romper el bloque comunista. El acuerdo fue simple pero sus consecuencias fueron profundas. EE. UU. integraba a China al mercado global para aislar a la Unión Soviética. A partir de ese momento inicia el proceso que poco a poco y de manera cada vez más acelerada convirtió a China en la "fábrica del mundo". Esto le permitió a Occidente disfrutar de bienes baratos y mantener la inflación controlada, mientras las corporaciones transnacionales deslocalizaban su producción y adoptaban economías cada vez más asentadas en esquemas de valorización financiera o financiarización, que hoy son su talón de Aquiles.

Por otra parte, tras el shock petrolero de 1973, Washington pactó con Arabia Saudita un acuerdo (de tinte mafioso se podría decir) por el cual EE. UU. garantizaba protección militar a la monarquía saudí y la permanencia de la Casa de Saud en el poder, a cambio de que todo el petróleo vendido por la OPEP se transara exclusivamente en dólares. Así nació el Petrodólar que fue la fuente que financió los procesos de deuda que padecieron países como la Argentina en plena dictadura de Videla y Martínez de Hoz y condicionaron en los 80 (la década pérdida) el desarrollo económico nacional, terminando en la hiperinflación que le estalló al gobierno de Alfonsín.

Dólar billete2

Tras cinco décadas de políticas de financiarización y endeudamiento de los Estados del mundo occidental, particularmente de EEUU, ese esquema se resquebraja, y al igual que con el fin del orden mundial basado en el libre comercio, que terminó de destruirse con el crack del 29, abre una etapa donde resuenan los tambores de guerras, guerras de monedas, guerras militares, guerras financieras, guerras científico tecnológicas, guerras digitales  y también satelitales, que prefiguran un nuevo orden, son los síntomas del fin de la era Nixon.

Es así porque los dos pactos permitieron a Estados Unidos un "privilegio exorbitante". Al ser el dólar la única llave para comprar energía (gracias a Riad) y al ser China (gracias a Beijing) el gran proveedor de manufacturas que aceptaba esos dólares para luego reinvertirlos en bonos del Tesoro estadounidense, el sistema pudo expandirse indefinidamente.

Este ciclo permitió la financiarización de la economía global: el dinero dejó de estar anclado a la producción real para basarse en la emisión de deuda. Sin embargo, este modelo, como dije, tuvo su cara oscura en los años 80, cuando el aumento de las tasas de interés para salvar al dólar provocó las crisis de deuda soberana en los países en desarrollo, marcando el inicio de una era donde el sector financiero dominó sobre el industrial, destruyó las bases del estado de Bien Estar (new deal en la versión yankee) que montó luego de la crisis del 30 y la guerra mundial.

Este ciclo termina precisamente con la finalización de estos pactos de manera formal (en el caso del de Ríad) o de hecho en el de Beijing.

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Hoy China ya no acepta ser el socio menor. Su escala en la cadena de valor (tecnología, chips, IA), la convirtió en la primera potencia, pasó de ser el "taller" a ser el rival sistémico. Paradójicamente el régimen comunista de China hoy es quién sostiene las banderas de la libre competencia en el mercado mundial, como lo hacían Inglaterra en el siglo XIX o los propios EEUU con el consenso de Washington cuando eran la potencia hegemónica. El proteccionismo actual declarado por Trump, la guerra comercial en la que se tiran con aranceles por la cabeza marcan el fin de la simbiosis económica inaugurada en 1972.

 Por su parte Arabia Saudita y los países del Golfo han comenzado a diversificar sus alianzas. La reciente integración de nuevos miembros a los BRICS+ y la venta de petróleo en yuanes o monedas locales rompe el monopolio del petrodólar. Sin la demanda obligatoria de dólares para comprar energía, la capacidad de EE. UU. para exportar su inflación y financiar su deuda masiva se desvanece.

En consecuencia, no es efecto de una psicología alterada lo que explica las decisiones de Trump.

Ocurre que el sistema de deuda infinita y globalización sin fronteras ha llegado a su límite físico y geopolítico. Estamos presenciando el doloroso parto de un orden multipolar donde el dólar y la manufactura ya no responden a un solo centro de mando, a la emergencia de otras naciones que rebalancean su peso en el comercio internacional, el flujo de los comodities y del conocimiento, volcando la balanza hacia la región más poblada del mundo, con las economías más dinámicas y que se reservaron para si, la producción de valor, a través de la transformación de la materia y la producción de conocimientos (principalmente China e India)

Estamos en un momento liminal, pasando del mundo Nixon a otro que aún no fue bautizado.

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Sinecdoque nixoniana

La idea globaliza los dramas nacionales de países como Argentina y Venezuela a lo largo de estos 50 años de neoliberalismo. En cierto modo, en el recorrido parabólico trazado por la historia venezolana, contamos con una sinécdoque de este periodo histórico en estado de demolición, hegemonizado por EEUU.

Cuando hablamos de Venezuela en realidad referimos a ese todo.

La parábola comienza con la crisis petrolera del 73 cuando las potencias petroleras se plantaron frente a occidente.

Ese año la OPEP, liderada por los países árabes impuso un embargo petrolero a Occidente por su apoyo a Israel en la guerra de Yom Kipur, cuadruplicando los precios del crudo. Fue un golpazo para EE. UU. que estaba asfixiado por la inflación. El fin del patrón oro (la dolarización) quedó al borde del colapso económico, el pacto de Ríad fue su tabla de salvación y la puerta de entrada de la Venezuela petrolera en el orden mundial la "Venezuela Saudita" incuba la gallina de los huevos de oro, PDVSA, promediando los 70.

La crisis del 73 le envió "maná" a Venezuela. El aumento de precios multiplicó el presupuesto nacional por tres en un solo año.

En 1976 el presidente Carlos Andrés Pérez dispuso una nacionalización negociada de esta industria. (En estos días Trump se quejó de que el Estado venezolano les robó a los norteamericanos sus propiedades como parte de su intervención en el país).

PDVSA nació imitando modelos organizacionales multinacionales. Se convirtió en el "brazo corporativo" del Estado venezolano dentro del sistema del petrodólar nixoniano.

El país asumió su rol de principal proveedor de crudo pesado para las refinerías de la costa del Golfo en EE. UU., consolidando una simbiosis regional, donde Caracas enviaba petróleo y Washington enviaba dólares que luego regresaban a EE. UU. a través de importaciones y ahorros en bancos neoyorquinos. (Un esquema que la Argentina conoció en el siglo XIX, cuando regía el patrón oro y se convirtió en el granero del mundo para beneficio de gran Bretaña y un grupo de familias de nuestro país)

Pero la economía y la política venezolana vivieron su punto de quiebre en 1989 (ya que hicimos una analogía con la etapa fundacional del estado argentino, se podría decir que esta crisis venezolana es equivalente a la que estalló durante el roquísmo en 1890, con la revolución del parque incluida, protagonizada por la UCR en tiempos del liderazgo de Alem)

 A la opulencia inicial mal distribuida le sucedió el Caracazo (1989)

La crisis de deuda de los años 80, gatillada por la subida de tasas de la Reserva Federal (el "Volcker Shock"), golpeó en el mentón a Venezuela cuando los precios del crudo cayeron.

 Se agotó el próspero modelo. El país rico se despertó sobreendeudado y con su industria petrolera estancada.

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Cuando Pérez asume su segundo mandato se menemiza (para seguir mirando los paralelismos con Argentina y hacer una historia argenzuelizada).

 lntentó aplicar el ajuste del FMI para salvar las finanzas, lo que provocó el estallido social conocido como El Caracazo.  Su detonante fue el aumento del precio del transporte; pero fue más que eso. Fue la primera gran rebelión popular contra el orden financiero que Nixon había diseñado.

De ese estallido social nace la legitimidad política del chavismo.

Cómo nadie, Hugo Chávez entendió que el petróleo no era solo una mercancía, sino una herramienta de poder para reconfigurar las relaciones o bien, construir un mundo multipolar.

 Su política consistió en usar la renta petrolera para financiar alianzas regionales (Petrocaribe) y, establecer vínculos con otras regiones desviando el flujo del crudo hacia China e India.

 Al cambiar las leyes petroleras en 2007 para retomar el control mayoritario, Venezuela rompió el contrato implícito con las multinacionales de la era Nixon, lo que inició una larga batalla legal y diplomática con Washington.

Fallecido Chávez, Venezuela sufrió las condiciones que impuso el bloqueo y los vaivenes del precio de este comoditie. Hoy su territorio es campo de batalla y laboratorio de la transición entre el viejo orden nixoniano y el nuevo que se está prefigurando. Al intentar salirse del circuito del dólar (usando criptomonedas como el Petro o negociando en yuanes), Venezuela recibió la respuesta más agresiva del sistema financiero liderado por EE. UU.

El intento de Venezuela por entrar formalmente a los BRICS significó el último paso para enterrar el modelo de 1974. Un intento de dejar de ser el "socio seguro" del hemisferio occidental, y convertirse en una pieza clave en el bloque que busca la desdolarización global. Pero quedó bloqueado por la impugnación de Brasil, luego de los dimes y diretes que produjeron las denuncias de fraude electoral. En cierto sentido Venezuela vivió la era nixoniana de manera exhuberante, a la caribeña.Jugó con sus reglas en los 70 enriqueciéndose vertiginosa y desigualadoramente desde el punto de vista social e intentó romper las reglas, patear el tablero en el Siglo XXI. En lo que tal vez se pueda pensar el primer intento de salida del esquema de subordinación a EEUU y retorno a las políticas del garrote en Sudamérica por parte de esta potencia.

(*) Docente universitario.

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