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Geopolítica

El insaciable caníbal americano en la era post-nixoniana


 |  Arnulfo

MINI ENSAYOS HENAN CAZZANIGA ENERO 2026 6 8

Por Hernán Cazzaniga

El orden nixoniano que usamos como modelo para reflexionar sobre este momento bisagra de la historia mundial fue, ante todo, un sofisticado mecanismo de exportación de crisis.  A través del petrodólar y la financiarización, Washington lograba que las turbulencias se resolvieran en la periferia —con las dictaduras sudamericanas en los 70 o en las crisis de deuda del Tercer Mundo en los 80, con el endeudamiento global de los estados en este siglo— mientras el frente interno estadounidense gozaba de una paz social sostenida por el consumo y una institucionalidad previsible.

Sin embargo, 2026, nos presenta un escenario de canibalismo sistémico que engulle su propio vientre. Una tempestad shackespereana se vuelve hacia el interior de la propia nación norteamericana. La Realpolitik aplicada violentamente sobre Venezuela, Dinamarca o cualquier otra nación para exigir sumisión y vasallaje es un espejo del conflicto visceral que se desarrolla al interior de EEUU.

Manifestantes frente a la Casa Blanca

El conflicto de poderes entre Trump y el Congreso hace astillar su arquitectura institucional, su modelo de república y democracia (tan particular como pretendidamente única deseable para todo el universo). También provoca reacciones multitudinarias como nunca antes en las calles de sus ciudades.

El consenso burocrático que garantizaba al mundo y a sus ciudadanos el hecho de que Estados Unidos fuera una corporación global estable, garante del orden, dentro y fuera de sus fronteras, hoy es incierto.

El garrote golpea afuera y adentro del país, generando desconcierto a diestra y siniestra.

Manifestantes arrodillados frente a la policía en EEUU

La parálisis legislativa de hace unos meses y el desconocimiento mutuo de la autoridad del poder legislativo y del ejecutivo ya no son meros desacuerdos políticos; son evidencia de que la clase dirigente ha perdido la capacidad de gestionar pactos fundamentales de Gobernabilidad del propio Estado.

La vocación decisionista de Trump lo lleva cada vez más a extralimitarse, tanto cuando desconoce la soberanía de otras naciones (algo que siempre hizo su país aunque en la era nixoniana buscando complicidad jurídica de sus socios activando los mecanismos de los organismos internacionales) movilizando el poderío de su fuerza militar o sus tanques financieros, como cuando desconoce al poder legislativo desatendiendo lo que dictan las leyes.

Al bloquear la relación institucional, el poder central rompe la "previsibilidad" (para propios y extraños) que sostenía al dólar como moneda de reserva.

Sin instituciones confiables, el respaldo de la moneda ya no es un contrato técnico, sino el arbitrio caprichoso de un líder que blande el garrote adentro.

Esta fractura institucional se vuelve trágicamente concreta con el asesinato de una mujer, en las calles de IIlinois que levantó protestas masivas en diversos estados.

Niño con cartel Paren de matarnos

Si en la era nixoniana la represión debía ser quirúrgica o delegada para guardar las formas, hoy la violencia estatal en EEUU. se exhibe sin pruritos. Este crimen, y la impunidad con la que responde el Ejecutivo, es el espejo doméstico del "atropello a cielo abierto" que el imperio está ejecutando en sus incursiones “civilizatorias” por el tercer mundo e incluso en su amenaza a Dinamarca, es decir, a la propia Europa.

La distinción entre el centro civilizado y la periferia bárbara a disciplinar brutalmente se ha borrado: la mujer asesinada es el símbolo de que la soberanía ya no reside en el ciudadano, conforme al credo igualitario fundante de esa nación, sino en la exhibición cruda de la fuerza represiva, la habilitación a las fuerzas de seguridad a actuar al margen de la ley.

Las marchas bajo la consigna no queremos un rey (“No King”) expresan el rechazo al pacto Hobbesiano tácito, impuesto de facto por Trump, no sin apoyo de una parte del electorado que, de hecho, lo puso en el sillón de mando.

Marchas No King

Este colapso de la mística del imperio da lugar a rebeliones en dos niveles. Puertas adentro, asistimos a un "federalismo de resistencia": estados y ciudades con sus gobernadores, alcaldes y ciudadanos comienzan a cuestionar la autoridad federal, negándose a cooperar con una administración que ha roto el pacto de derechos civiles.

Es una cesesión administrativa de baja intensidad por ahora. En tanto Washington no garantiza justicia mínima, se abre una peligrosa lucha por la supervivencia en el territorio de la unión.

Puertas afuera, el efecto es el fin de la "debida obediencia" a los pactos internacionales. Las naciones que antes aceptaban la hegemonía del dólar por temor o conveniencia, hoy ven en Washington un animal herido y errático que ya no ofrece orden, sino solo caos.

El espectáculo de un EEUU. caníbal practicando una autoantropofagia incrementa el riesgo de estallido social.

¿El asesinato, y la persecusión a los migrantes y el desacato al Congreso son los clavos finales en el ataúd de la dominación en nombre de la libertad y la igualdad?. ¿Lo que queda es un imperio comportándose como una potencia desafiliada de sus propias leyes y de su propia gente, presentando al "Gran Garrote" como único argumento, dentro y fuera de la casa para intentar disciplinar a los gobiernos del mundo, y a su propio pueblo?. ¿Acaso son esas las condiciones para el establecimiento de relaciones de vasallaje de los nuevos señores feudales que están detrás de Trump controlando el desarrollo de las tecnologías informacionales y, gracias a ello, acumulando la riqueza socialmente producida, en un modo de producción que cada vez requiere más energía?

 

 

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